Café y novedades.

Mientras le doy el último trago al café con leche pienso en encender la luz. Si voy a trabajar, sin duda, necesitaré más luz. De repente me doy cuenta de la rapidez con la que me han robado las horas de trabajo en la oscuridad, de madrugada.

Leo el correo, como preámbulo del día. Hoy domingo, la newsletter de Amaya Ascunce. Aún no he decidido si la newsletter me gusta, pero ella me resulta una mujer interesante. Busco el libro que recomienda, y tomo nota mental de leerlo pronto. Arrastro la newsletter a la carpeta de todo aquello que jamás tendré tiempo de revisar.

Pienso en los libros y miro mi taza vacía de café. Mi mente está tan llena de trabajo que es incapaz de descansar sobre las páginas de dos libros maravillosos que tengo a medias.

Pero no he venido a justificar la ausencia de una gran mujer este domingo. Sino a hablaros de algunos pequeños proyectos. Aunque el trabajo no me da tregua, me he embarcado en la propuesta de Dani y Marina de Tutti Arte (@tuttiarte.tm) de hacer, durante el mes de marzo, un diccionario de mujeres en Instagram. A letra por día, las mujeres artistas tomarán el control de nuestros posts y stories.

Además quería hablaros de la plataforma La Roldana (@laroldanaplataforma), por la inclusión de las mujeres en el currículum de historia del arte en bachillerato. Seguro recordaréis el change.org que inició Miriam Varela de La artista olvidada (@la_artitsta_olvidada). Pues La Roldana es una plataforma impulsada por la propia Miriam y por Montse de (@donesartistes) en la que colaboramos más de 100 mujeres para devolver a las artistas el lugar que merecen. Estoy emocionada.

…y de momento eso es todo! Voy a seguir perfilando «la primera entrada del diccionario» que llegará mañana al Instagram de este blog (@alizarisa). Nos leemos.

Libros de arte.

Soy una lectora desconfiada. Quizá si escribes un libro y haces tu magia, me atrapes y me convenzas, pero no te relajes porque volveré. Siempre vuelvo y reviso aquellos libros de los que he sacado ideas nuevas. Y cuando vuelvo, más formada, más informada, es posible que encuentre los vacíos en tu historia. Y quizá te perdone esas ausencias, o quizá sean imperdonables.

El primer libro de historia del arte que leí fue el famoso Historia del Arte de Gombrich, un libro publicado por primera vez en 1950. Sin tecnicismos ni expresiones rebuscadas este libro hace un viaje desde las primeras muestras artísticas hasta principios del siglo XX. Con imágenes maravillosas y desplegables, disfruté de su estilo ameno y descubrí (quizá por dotarlo de sentido) lo mucho que me gustaba el arte.

Cuando lees un libro escrito hace 70 años, te ves en la obligación (o no) de hacer ciertas concesiones. Este libro no menciona ni una sola mujer. No existen mujeres artistas en la historia del arte de Gombrich. Pero tampoco el arte contemporáneo: la primera mitad del siglo XX aún no estaba muy asentada y era difícil para el autor saber qué pasaría a la historia y qué no. ¡Y los últimos 70 años aún no habían sucedido! Por eso, el siguiente libro que leí fue «¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos» de Will Gompertz.

Me encantó. Con un estilo parecido: sin florituras y con humor, Gompertz hace un repaso a la historia reciente ayudando a comprender cómo evoluciona el arte y por qué. Qué buscaban los artistas y cuál era el contexto social. Es un libro que se lee con la pantalla de la tablet dividida: media para Kindle, media para Google. A mi gusto le faltan imágenes, y yo que quería empaparme de todo, no podía pasar por encima nombres de artistas y obras sin saber quiénes son ni cuáles son las obras que el autor cita. Además, Gompertz cita mujeres en su libro (es cierto que desde la perspectiva del siglo XXI, es más sencillo) y yo estaba entusiasmada.

Sin duda con estos dos libros tenía en mi cabeza un gran esquema de cómo había sido la historia del arte hasta nuestros días. En mi cabeza visualizaba un gran esqueleto fósil, como las reconstrucciones de dinosaurios de un museo de historia natural. Pero sabía que el dinosaurio para correr no sólo necesita huesos: también músculo y piel. Con esta imagen en mente me he embarcado en la tarea de completar todos los huecos en mi esquema.

«Las olvidadas» de Ángeles Caso dotó de contexto las grandes ausencias de la edad media: qué dificultades tuvieron, cómo vivieron, cómo desaparecieron bajo la sombra de sus padres, maridos, etc. Después descubrí lo enriquecedoras que son algunas biografías: no sólo para conocer grandes artistas sino para llenar de matices el contexto histórico en el que vivieron y los círculos sociales en que se movieron.

Y como soy una lectora desconfiada (y también por cruzar información de mis recientes lecturas), he releído algunos capítulos del libro de Will Gompertz. Y me asombra cómo nombra de pasada mujeres que he descubierto merecen la misma atención que su coetáneos. Y me duele un poquito más esta traición de Gompertz que la de Gombrich silenciando a todas la mujeres de la edad media y moderna (y quizá también de la edad antigua, he leído poco sobre este periodo).

De momento sigo enfrascada en la lectura de biografías de mujeres. Buscando información, rellenando huecos. Enamorándome de mujeres que todos deberíamos conocer, disfrutando de sus obras, y (no puedo evitarlo) enfadándome con lo injusta que ha sido la historia con ellas.

Jo confesso.

La ressenya d’aquest llibre que ara fullege, i ja fa uns quants anys vaig llegir, la dec a ma mare. El plaer de la lectura compartida. Pàgina tu, pàgina jo. I més endavant, l’emoció del «has arribat quan…» «Ostres! No m’ho podia ni imaginar això!» Perquè hi ha res millor que comentar els detalls més minúsculs d’un llibre amb algú que estimes?

Tornant al llibre que tinc entre mans, i em sent temptada a rellegir (la memòria em falla, què li farem! I l’elecció de cada paraula, torna a semblar-me màgica), haureu de permetre’m que conte com em feia sentir un llibre del qual ja no en recorde la història, i com fou una presentació de llibre a la qual no vaig anar… com diu l’autor a la primera pàgina del llibre «però faré un esforç per no inventar gaire».

No et fiïs gaire de mi. En aquest gènere tan procliu a la mentida com és el record escrit per a un sol lector, sé que tendiré a caure sempre amb les quatre potes a terra, com els gats; però faré un esforç per no inventar gaire. Tot va ser així i pitjor.

Jo Confesso, Jaume Cabré.

Recorde la mare tombada al sofà. Repentinament tanca el llibre. Li pregunte «t’has cansat de llegir?». Però no. No vol acabar-lo. Jo confesso és un llibre que es reescriu conforme avança. En coneixes el desenllaç quasi des de l’inici. Però llitges el llibre com si volgueres evitar un final que coneixes. I, a més a més, vols assaborir cada paraula com si fos l’última.

De la presentació a la qual no vaig anar, en vaig traure la idea fantasiosa i fantàstica que el Cabré te un arxivador. Un d’aquestos menudets, per guardar fitxes en ordre alfabètic. I en ell hi te guardats tots els personatges que ha creat. I, a poc a poc, els va traient de l’arxiu i donant-los un lloc als seus escrits. M’encantava imaginar-me mini-personetes dins una caixa, com qui col·lecciona llavors.

I llegint-lo, em va sorgir el sentiment que Jo confesso és un puzle. Però no un de mil peces sobre una taula plena de pols. Un puzle dels que mous les peces fins trobar la combinació que t’obre l’interior, com un joc de lògica. Ho vaig descobrir quan, de sobte, vaig creure estar llegint el mateix fragment altra vegada. Passe ràpid les pàgines enrere. El mateix paràgraf. Les mateixes paraules en el mateix ordre. Però les peces no estan al mateix lloc. I aquestes mateixes paraules signifiquen un món diferent per a tu, que reconstrueixes la vida del protagonista.

Aquest és un llibre on cada paraula s’ha elegit amb cura, on cada oració és feta a mida. No n’has llegit res igual abans (ni després!). Una raresa. Una joia que fa por recomanar a un amic (i si no li agrada?). Però si trobes algú amb qui compartir-ne la lectura, serà segur, un record inesborrable.

Prólogo.

Siempre quise aprender historia del arte. Y cocinar. Tras cerrar una etapa de trabajo extenuante por fin me encontraba ante las mayores vacaciones de mi vida. Eran los primeros días de febrero y aún parecía muy lejana esta pandemia que, además de retrasar mi incorporación al mercado laboral, me daría el espacio y el lugar para leer y descubrir nuevas formas de mirar y ver la realidad.

Sobre mí. Lectora voraz, fotógrafa tímida, apasionada del arte en estado principiante. Devoradora de series y aficionada al cine. El sushi es mi alma gemela.

Este blog pretende ser tan solo un caleidoscopio de mis ideas, que a veces se conectarán y formarán preciosas figuras y otras, se perderán en el espacio sin más.

Estáis invitados.
El canard à l’orange y las red velvet de momento esperan. Tiempo habrá (o no).