Grace Hartigan.

La historia de Grace comienza como la de muchas otras mujeres en la época. Crece en un ambiente protegido, que potenciaba su imaginación y creatividad, la gran depresión le impide ir a la universidad y comienza a trabajar muy joven. Chica conoce chico, se casan y se mudan a California donde ella intenta ser actriz…. pero no le gusta y además se queda preñada. Un poco perdida, sin objetivo, su marido la anima a pintar. Y de repente la guerra.

Con un hijo pequeño, su marido en el frente y ella viviendo en casa de los suegros sin poder pintar, Grace, como muchos pintores de la época, comienza a trabajar como delineante. Allí, entre pintores, descubre la obra de Matisse y la escuela Isaac Lane Muse donde seguir su formación artística.

La guerra termina y su marido no regresa: ha conocido a una holandesa. Decidida a triunfar como pintora Grace se muda al centro artístico del país: Nueva York. Tres años despues, en 1948, descubre la obra de Jackson Pollock y queda maravillada. Su maestro y amante Ike Muse le prohíbe pasarse a la abstracción: tarjeta roja amigo, nadie le dice a Grace Hartigan qué debe o no debe hacer.

Su admiración por Pollock es tal que decide ir a su casa en Springs a conocerlo. Lo hace acompañada por su nuevo novio el pintor Harry Jackson, quien en un alarde de inseguridades le ruega que oculte que ella también es pintora: quiere ser él el centro de atención. Pero Lee Krasner los cala en el primer segundo y la atención recae sobre el trabajo de Hartigan. Animada por los Pollock conocerá a Bill de Kooning, quien será su maestro.

El año 1950 una obra de Grace es seleccionada para la exposición New Talent de la galería Kootz, la tarjeta de presentación de una nueva generación de expresionistas abstractos. Tan sólo 3 años después Hartigan se convierte en la primera artista de la segunda generación en tener una obra expuesta en un museo. Un año después colgó el cartel de Sold Out en su exposición en solitario en Tibor de Nagy: ese año ganó 5.500$ vendiendo su obra, cantidad nada despreciable si la comparamos con los los 7.000$ que ganó ese mismo año Bill de Kooning.

Tras conseguir el reconocimiento más absoluto con sus primeros trabajos abstractos, Grace decide volver a la figuración. Tomar el arte clásico como punto de partida y llevarlo a su terreno. Lo hará varias veces en su vida, siempre como fórmula de reencontrarse, reinventarse, ir más allá.

Su vida personal estuvo marcada por numerosos altibajos: siempre buscando el compañero ideal, que comprendiera y respetara su trabajo; tropezando múltiples veces con hombres que esperaban convertirla en la esposa tradicional que no era, hombres que le mentían ocultándole deudas o enfermedades; siempre dividida por el amor a su hijo y la culpa por apartarlo de su vida para poder pintar. A pesar de múltiples depresiones y varios intentos de suicidio, Grace siempre renacía renovada y lista para plasmar cuanto sentía en un lienzo.

Su vida profesional, en cambio, fue un ascenso constante. Aclamada por la crítica, adorada por la prensa. Su obra se internacionalizó, en parte gracias al trabajo de su amigo Frank O’Hara (un incondicional, muchos dirían que su alma gemela). Se convirtió en la directora de la escuela de pintura Hoffberger de la universidad de Maryland, donde trabajó hasta su muerte en 2008.

Ninth street women.

«Cuando comencé a leer este libro, tan sólo me sonaba el nombre de Lee Krasner. No sabría decir con exactitud cómo ese nombre llegó a mí. Conocía a Pollock desde hacía poco: acababa de leer «¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno» de Gompertz. Y es cierto que Gompertz dice literalmente «…junto a su esposa la también artista Lee Krasner» pero como podéis imaginar, aquella frase resbaló por mi memoria y acabó en la basura. «

Ninth Street Women: Lee Krasner, Elaine de Kooning, Grace Hartigan, Joan Mitchell, and Helen Frankenthaler: Five Painters and the Movement That Changed Modern Art.

Cuando comencé a leer este libro, tan sólo me sonaba el nombre de Lee Krasner. No sabría decir con exactitud cómo ese nombre llegó a mí. Conocía a Pollock desde hacía poco: acababa de leer «¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno» de Gompertz. Y es cierto que Gompertz dice literalmente «…junto a su esposa la también artista Lee Krasner» pero como podéis imaginar, aquella frase resbaló por mi memoria y acabó en la basura.

Es un libro largo. 700 páginas de historia acompañadas de otras doscientas de bibliografía, fotos, etc. Como si de una tesis doctoral se tratara todo está bien referenciado y respaldado con datos: nada queda a la imaginación o la literatura. Pero al mismo tiempo es fluido, ligero, emocionante. Una reconstrucción perfecta con el mejor dolby surround.

Mary Gabriel no ha separado la nata del bizcocho. Mary Gabriel ha cogido el trozo entero del pastel. No habla de 5 mujeres del expresionismo abstracto, reescribe LA historia. Porque es imposible hablar de Pollock sin entender a Krasner. Igual de imposible que entenderlos a todos sin comprender el momento histórico y social.

Este libro nos presenta mujeres brillantes, jóvenes, que marcan una época y definen los términos en que quieren vivir su vida. Beben, fuman, pasan del momento ausonia (véase «fina y ligera»), se acuestan con quien quieren y sobre todo pintan. Pintan sin descanso. Rompen los esquemas y redefinen los estilos.

Pero también son de carne y hueso. Sufren. Se enamoran. Caen en relaciones tóxicas que las consumen. Y, pese a su absoluta libertad y fuerza, viven momentos en que inevitablemente su género las define. Deben afrontar la maternidad o la ausencia de ella. Las expectativas de aquellos que esperan que sean esposas convencionales. La responsabilidad de los cuidados de padres, hijos o maridos enfermos.

Son mujeres. Y no tienen la tarjeta del Monopoly «Quedas libre de la cárcel». El mundo no se rinde a los pies del «gran artista». Son mujeres… Y aún así no se doblegan. Ante el silencio de la crítica. Los chismorreos sobre su vida. El hambre o la falta de reconocimiento. Siguen pintando. Porque esa es su misión. Y su legado.

Un imprescindible. Debería haber un libro como este de cada pequeño periodo de la historia. Un libro del que empaparse. De los que al terminar quieres volver a leer. También el punto de partida para los próximos posts de este blog: muchas grandes mujeres que conocer… ¿os las vais a perder?