Baztán.

Ojeo «La cara norte del corazón». Paso páginas buscando una cita representativa de la maestría de Dolores Redondo. Quiero hablar del próximo estreno de Netflix «Ofrenda a la tormenta»: la tercera entrega de la trilogía de Baztán. Leo el prólogo y el estómago se me encoge en un puño.

Esto es la Redondo. Cómo en pocas líneas consigue meterte en el ojo del huracán. Eres consciente de que eres sólo un espectador, pero quieres gritar. Ayudar a la pobre Amaia. Protegerla. Evitarle un mal que no sabes cómo va a llegar, pero sabes que inevitablemente llega.

Consigue crear imágenes tan potentes que es capaz de repetir el mismo suceso, construyéndolo poco a poco, añadiendo información capa a capa, produciéndote cada vez la misma reacción visceral. Y claro, me he sorprendido abrazando el libro, como me gustaría abrazar a la Amaia niña. Leyendo en la parada cuando faltan 30 segundos para que llegue mi tren. Leyendo en el baño, mientras comía, en un cambio de clase esperando al profesor y a las tres de la mañana aún cuando me tenía que levantar a las seis.

El boom editorial fue tal que la película no se hizo esperar. Con el miedo y el rechazo de quien sabe que nada puede estar a la altura, fui a verla. Y hubo magia. Los pelos como escarpias (¡con lo que a mi me cuesta!). La mano de mi madre estrujada hasta hacerla desaparecer. Los paisajes de ensueño… Baztán: mi eterno viaje pendiente.

Para quienes no la conozcáis, Amaia Salazar es policía, especialista en perfiles. Como toda novela policíaca, los libros protagonizados por ella comienzan con un asesinato que se resuelve al final del libro. Y como novelas independientes, no tienen nada que envidiar a Harry Hole, Guido Brunetti o Kurt Wallander. Pero aquello que te hace devorar cada uno de sus libros no es su increíble pericia atrapando asesinos. Lo que atrapa son los personajes complejos que visten la trama. Personajes cuyo pasado se entremezcla inevitablemente con el presente. Y la mitología vasca, que lejos de ser cosa del pasado, late en sus ciudades y pueblos, en pleno siglo XXI.

Escribo esto a pocos días del estreno de la tercera película en Netflix. El último libro escrito por Dolores Redondo, La cara norte del corazón, se publicó hace pocos meses: en octubre de 2019. Poco se sabe de cuál será el próximo libro de Redondo, mucho menos cuándo se publicará. La lógica dice que habrá que esperar aún un tiempo, ¿quizá en 2022? De lo que estoy segura, es que como me pasó en octubre, cuando paseando tranquilamente por la ciudad lo vea en el escaparate de una librería: entraré, lo compraré y volverá la lluvia, llevándome con ella al valle de Baztán.

«Cuando Amaia Salazar tenía doce años estuvo perdida en el bosque durante dieciséis horas. Era de madrugada cuando la encontraron a treinta kilómetros al norte del lugar donde se había despistado de la senda.

(…) Cuando recobró la consciencia vio a su padre junto a la cama del hospital. El rostro pálido, el cabello mojado por la lluvia pegado a la frente. La línea roja que circundaba los párpados irritados por el llanto. Al verla abrir los ojos se inclinó protector, el rostro crispado de preocupación, pero con un incipiente alivio. Su gesto le provocó una inmensa ternura que amenazó con ahogarla de emoción.(…)

-Amaia, no se lo cuentes a nadie. Si me quieres, lo harás por mí. No lo cuentes.
Todo el amor que sentía, que había sentido siempre por él, le aprisionó el pecho hasta dolerle. Las palabras destinadas a decirle cuánto lo quería se le murieron dentro y se quedaron como un doloroso recuerdo, adheridas a sus cuerdas vocales. Incapaz de emitir un sonido, asintió, y su silencio se convirtió en el último secreto que le guardaría a su padre y en la razón por la que dejó de amarlo»

La cara norte del corazón, de Dolores Redondo.

Dark.

(Este post ha sido escrito a pocos días del estreno de la tercera y última temporada de la serie Dark. Si no has visto la serie debes saber que este post contiene spoilers. No cuento el final ni hago un resúmen de la trama, pero obviamente contiene detalles que quizá no quieras saber. )


El principio es el final.

El 27 de junio de 2020 todo acabará. Con un último click la máquina se pondrá en marcha. Los engranajes girarán. Los mecanismos se accionaran. Y las piezas encajaran una vez más. Quizá la última. El tiempo será destruído. O quizá repetiremos nuestras acciones en un ciclo sin fin.

Como el relojero que construye una máquina del tiempo sin conocer su función. Siguiendo sus propios planos sin haberlos trazado aún. Como se manipula y viaja en el tiempo sin comprenderlo, transitamos por la vida sin saber los efectos de cada decisión. Bajo la atenta mirada del futuro, que nos juzga sin piedad.

Presente y pasado se unen, entrelazan las manos y se separan. Hay que seguir la serie con atención. Quizá no sepas quién es el padre de quién. Qué ha sucedido exactamente o porqué. Pero el esfuerzo merece la pena.

Poco a poco vas desenredando la trama, encajando piezas del puzle. A veces te sientes eufórica cual Sherlock que resuelve el crimen. Otras, las implicaciones de alguna decisión de los personajes te hacen sentir infinitamente triste. Recuerdo algún capítulo de la segunda temporada que ví absolutamente emocionada, con los pelos como escarpias.

El sábado estrenan la tercera y última temporada de la serie. Para hacer la espera un poco más corta estamos volviéndola a ver desde el principio. Me doy cuenta ya en el primer capítulo que es una de esas series que puede volver a enamorarte una segunda y una tercera vez. Llena de pequeños matices, de guiños en el guión que escapan la primera vez. Cada escena perfectamente enlazada con la siguiente, cada plano estudiado al milímetro.

Empecé a ver Dark en contra de mi voluntad. No me llamaba la atención. No me apetecía nada. Pero mi pareja insistía e insistía. Su lluvia constante. Su ambiente hermético, casi asfixiante. Su banda sonora de tensión constante. Quise dejar de verla. Me asustaba que me diera miedo. «Termínala, te va a gustar».

El principio es el final. Sic mundus creatus est (Y el mundo fue creado).

Alexandria Ocasio-Cortez.

La primera vez que oí hablar de Alexandria Ocasio-Cortez fue en enero de 2019, cuando fue noticia por llevar pendientes de aros y los labios pintados de rojo en el juramento de su cargo como congresista de los Estados Unidos. La congresista más joven de la historia de EE.UU., elegida a los 29 años.

También había oído hablar de ella como componente de «The Squad», un grupo de mujeres congresistas (Rashida Tlaib, Ilhan Omar, Aynna Pressley y Alexandria misma) que no dudan en plantarle cara a Trump. Mujeres valientes, fuertes, decididas que rompen el modelo «Hilary Clinton» de mujer política por su edad, su raza, o su religión.

Así que el documental de netflix A la conquista del congreso, llamó rápido mi atención.

Lo curioso de Alexandria es que, al igual que las otras mujeres del documental, no formaba parte del partido Demócrata antes de presentar su candidatura a las primarias. Es elegida por una organización llamada «Brand New Congress» cuyo objetivo principal es regenerar la política americana. Ayudar a «personas normales» a hacer políticas en beneficio de la gran mayoría trabajadora del país. Apartar del poder a personas (hombres, blancos, ricos, heteronormativos) que llevan años acaparándolo y que han perdido el interés en defender los derechos de los americanos de clase media/trabajadora (o quizá nunca lo han tenido).

Netflix nos presenta a Amy Vilela (una madre de Nevada, cuya hija murió como consecuencia de no tener seguro médico), Cori Bush (en lucha contra el racismo desde la muerte de Mike Brown a manos de la policía en 2014), Paula Jean Swearengin (hija de una familia minera en West Virginia, en lucha contra la contaminación en la zona que provoca muertes y enfermedades en todos sus habitantes) y Alexandria Ocasio-Cortez (camarera y barista del Bronx, hija de una trabajadora de la limpieza). Todas ellas decididas, valientes, pero sólo una de ellas lo logró. «Para que una entre, tienen que intentarlo cien» diría la propia Alexandria, poco antes de ganar, ante la derrota de una de sus compañeras.

Al final del documental Ocasio-Cortez comenta que le preocupa el cinismo que puede generar una derrota en un proyecto de este tipo. Cuando lo que demandas es atención sanitaria universal y gratuita, luchas contra el racismo o quieres proteger a tu gente de una muerte segura por contaminación del aire y el agua… Cuando lo que demandas es tan elemental y se te niega… ¿cómo seguir creyendo que un cambio es posible? Por eso la historia de Alexandria me parece tan inspiradora. Porque demuestra que es posible. Aun que haya que intentarlo 100 veces y fracasar.